En la siguiente entrevista, Jonny detalla los orígenes de su gusto por la música orquestal, su formación y que sus compañeros de Radiohead apenas se interesan por sus creaciones clásicas.

“Es extraño”, dice. “Con todas estas piezas orquestrales llego a un punto a la mitad del proceso de composición donde he estado atorado en una habitación por días, y siento que no vale la pena. Pero luego oigo a la orquesta tocar la pieza y es lo más divertido del mundo. Luego quiero comenzar con la siguiente”.
Ha tenido una obsesión con las orquestas desde sus años de adolescente como violista. “Sí, tocaba viola”, suspira. “Nuestra reputación es que somos o bien gente sin personalidad o violinistas flojos que quieren un camino fácil para entrar a una orquesta. Todo ello es posiblemente un tanto cierto”. La viola ciertamente logró que Greenwood ingrese a la Thames Vale Youth Orchestra. Una experiencia formativa. “Había estado en orquestas de la escuela y nunca le encontré el sentido. Pero en Thames Vale estaba de pronto con todas estas personas de 18 años que efectivamente podían tocar afinados. Recuerdo haber pensado: ‘¡Ah, así es como se supone que debía sonar una orquesta!'”.

Greenwood también cursó un A-level en música. “Aprendí cómo armonizar corales de Bach. Estoy contento de haberlo hecho, también. Aún sigo usando esas habilidades”. La verdad es que estuvo encaminado para aprender más – se inscribió en un curso de música en lo que entonces era la Oxford Poly – cuando el destino, en forma de EMI, intervino. “Recién había cursado tres semanas cuando firmamos nuestro contrato discográfico. Eso fue todo”.

Pero esas semanas fueron suficientes. Un profesor reprodujo una grabación del compositor vanguardista polaco Krzysztof Penderecki, y Greenwood se enganchó. Aún lo está, tal como lo muestra ampliamente su trabajo en “There Will Be Blood”. “Estuve anonadado por el hecho que Penderecki produjera tales sonidos maravillosos con tecnología tan antigua – una orquesta”.

Penderecki es uno de los héroes musicales de Greenwood. El otro, aún más improbable, es el místico compositor francés Olivier Messiaen – ese con grandes trabajos para órganos de iglesia, notas derivadas matemáticamente, y pasión por los cantos de aves. “La mayoría de mis piezas para la BBC fueron escritas con modos de Messiaen”, dice Greenwood.

Pero ¿Messiaen? Está a años luz de algo como Radiohead, ¿verdad? No en la visión unificada del universo musical de Greenwood. “Tú sabes, la gente con mi formación está cohesionada a sentir que está mal tener opiniones sobre la música clásica”. ¿Es porque se piensa que no tienes la experiencia para formar una opinión? “Exactamente. Así que encontré bastante saludable, particularmente en la escuela, pensar sobre los compositores clásicos y las bandas de rock de la misma forma. La razón por la cual me encantaba Messiaen, por ejemplo, era porque aún estaba vivo y componiendo. Para mí eso era tan emocionante como tener a una gran banda de rock aún tocando. Lo mismo con Penderecki. Su extraña música orquestral era bastante oscura, pero se sentía igual que la extraña música electrónica saliendo de Manchester”. ¿Así que la ignorancia es una bendición, musicalmente? “No estoy diciendo eso. Hay ignorancia en ambos lados. Muchos de mis amigos que estudiaron música clásica eran gente muy simpática, del tipo que juega ajedrez en su mayoría, pero su idea de la música popular empezó y terminó con Simon y Garfunkel y los Beatles”.

¿Y qué hay de la música creada hoy por esos “tipos jugando ajedrez”, jóvenes y formados de manera clásica? “Escucho mucha música orquestral moderna que suena muy ansiosa sobre cuál será la siguiente nota”, responde Greenwood. “Puedes sentir la tensión de la persona escribiéndola, y eso me pone tenso”. No resulta una descripción injusta para mucha de la música clásica post-serial. Pero ¿qué hay de la propia música orquestral hecha por Greenwood? ¿Cómo fue el proceso? “Muy cuidadoso. Puedes escucharlo en las piezas. Los primeros dos o tres minutos son claustrofóbicos, como si tuviera miedo de hacer algo dramático”. ¿Tómo lecciones? “No. Pero he leído el libro de Alfred Blatter sobre la orquestación de extremo a extremo unas cuantas veces. Aún hay mucho que no sé, eso sí”.

¿Qué piensan los músicos de él? “Alguien me advirtió que al comienzo que cualquiera que sea la orquesta con la que trabajo, un tercio de los músicos van a disfrutar de lo que hago, un tercio lo va a odiar y otro tercio sólo se limitará a hacer su trabajo. Pero la BBC Concert Orchestra ha sido increíble”.

A Greenwood le gusta pensar con profundidad la filosofía detrás de sus piezas antes de escribir siquiera una nota. (“Bueno, no sé cuánto es pensar y cuánto es dejar de lado el trabajo sucio”, sonríe). “Popcorn Superhet Receiver” fue una respuesta al desorden de ruidos de fondo que constantemente afectan cómo oímos música en la radio. “Smear” vino de su fascinación con el fascinante y espeluznante ondes martenot: el instrumento electrónico primitivo usado ampliamente por Messiaen, y posteriormente empleado por Greenwood para agraciar varios tracks de Radiohead.

“Me encantan esos instrumentos electrónicos antiguos”, dice, “porque el enfoque en ésa época era tratar de responder la pregunta fundamental ‘¿cómo podemos hacer de la electricidad algo musical?’. Desde que llegaron los teclados electrónicos, todo ha sido sobre secuenciar. Hemos perdido el aventurarnos a crear nuevos instrumentos musicales”.

¿Cómo han respondido los fans de Radiohead a las aventuras orquestrales de Greenwood? “Tenemos suerte de tener fans que esperan algo diferente en cada oportunidad”, responde. “O que bien no están desilusionados cuando escuchan algo que es difícil entender de inmediato”. ¿Y los otros miembros de Radiohead? “Creo que están orgullosos y un tanto interesados”. ¿Pero acaso van a los conciertos de Greendoow”. “No”, ríe Greenwood. “Pero me piden las grabaciones. Les digo que no es lo mismo”.

@RadioheadPerú