Hace algún tiempo atrás publicamos una pequeña parte de una entrevista dada por Jonny a la revista Uncut para la edición de Marzo de este año.
Pues bien, ahora la entrevista completa, traducida por Ítalo Rossi de nuestra página hermana RadioheadPerú.

‘¿Qué hago? Generalmente me preocupo sobre cosas?’

Entonces, ¿cómo pasa el tiempo libre uno de los guitarristas más innovadores de su generación? Escribiendo magistrales arreglos musicales para películas y tratando de reinventar cómo suena la música, parece. Uncut penetra la prisión en el estudio de Jonny Greenwood y descubre, entre otras cosas, que ha estado haciendo Radiohead últimamente…

Escribe Rob Young. Fotografía por Michael Clement.

El auto ingresa al patio de un pequeño complejo de oficinas en medio de un condominio a las orillas de Didcot, un pueblo ferroviario en Oxfordshire. Hay dos puertas de ingreso a este lugar, así que tomamos primero la de la derecha, que nos lleva, como el proverbial agujero de conejo, a un laberinto de habitaciones amontonadas. Hay una batería, una pila de amplificadores de guitarra, y finalmente, mientras el aire se torna húmedo y hasta ligeramente fétido, llegamos al cuarto de control, un lugar sin ventanas y atiborrado de racks de efectos, teclados, un sofá de cuero negro despedazado y una consola para mezclar.

Aquí es donde Greenwood ha estado, colocando los toques finales durante este húmeda mañana de Enero a la banda sonora para la adaptación fílmica del libro We Need To Talk About Kevin de Lionel Shriver, a cargo de Lynne Ramsay, hecha para BBC Films y protagonizada por Tilda Swinton y John C Reilly. A pesar de estar entusiasmado por el resultado – principalmente música tocada por Jean Kelly en un arpa Irlandesa de siete cuerdas – Greenwood parece estar ansioso por salir de este lugar sin luz, y luego que el manager Bryce Edge le entrega una bolsa plástica con alimentos del Waitrose local, sugiere que nos dirijamos a la sala de las oficinas de su management, decorada con premios y ubicada al subir las escaleras de la izquierda. Mirando a los discos brillantes, trofeos y estatuillas que Radiohead ha recibido por OK Computer, Kid A y otros a través de los años, uno no puede evitar preguntarse ¿cómo va progresando el trabajo para el sucesor de In Rainbows (2007)?

“Pareciera que es lento, pero hay mucho trabajo detrás,” explica Greenwood. “Hemos estado unos con otros un montón de tiempo. Es mas sobre decidir cuál es el camino correcto para tomar en cada canción e idea. No creo que la gente aprecie el desastre que significa el disco de cada banda hasta que está terminado; las canciones están en orden y sientes que has dejado las correctas fuera y puesto las correctas en él, y de pronto tiene algo. Somos muy incompetentes, creo, y siempre lo hemos sido”.

En este momento, Greenwood representa su lado paralelo, su carrera de compositor que ha ido al lado de (y alimentado a) Radiohead por varios años. Este mes su música – material orquestral instrospectivo – agracia la banda sonora de Norwegian Wood por Anh Hung, una adaptación refinada, melancólica y empapada en detalles temporales de la famosa novela de Haruki Murakami. Con poco más de dos horas, el filme que evoca de manera borrosa y atmosférica a tokio de finales de los 60s es extrañamente estático, y durante buena parte de la primera hora la única música que se escucha son pequeños guiños de los primeros tracks de Can. “Le conté sobre Can”, sostiene Greenwood, “porque originalmente tenía mucho de The Doors, y yo tenía temor sobre todo el asunto de Oliver Stone sobre ‘estos son los 60s’, Jimi Hendrix y todo eso. Pensé, can, tenían un cantante Japonés, encaja de algún modo…”

La música de Greenwood para películas empezó el 2003 con Bodysong, un documental sin palabras sobre el movimiento y actividad humana con antecedentes en filmes como Koyaanisqatsi.

“Jonny siempre quiso ir contra la corriente, jugar con las expectativas,” recuerda el director de Bodysong, Simon Pummell. “En un punto estuvo investigando las posibilidades de hacer paisajes sonoros con lenguajes extintos. La forma en que la precusión en la sección de ‘Violencia’ pasa lentamente a un ritmo sincronizado y obsesivo – y pasa de la emoción hacia algo opresivo, a la vez que las imágenes pasan de peleas hacia brutalidad genocida – es un ejemplo de cómo la música cuenta una historia en conjunto con las imágenes.”

Pasó de cines artísticos a mayores con There Will Be Blood de Paul Thomas Anderson en 2007, con un áspero acompañamiento – “música sobre los personajes y el paisaje”, dice – que escalaban los picos épicos de la película y estrecha con introspección atonal el barrido del horizonte amplio. En parte derivada de un trabajo independiente que hiciera para la BBC Concert Orchestra llamado ‘Popcorn Superhet Receiver’, se trataba de un lenguaje musical sin pretensiones.

“Son texturas recurrentes, explica Robert Ziegler, quien condujo a la orquesta en ambas grabaciones de bandas sonoras. “Ciertos bloques que utilizó, especialmente en There Will Be Blood“, simplemente encajaban con la calidad del filme. Y parte de la música nueva que compuso, cosas propulsivas y rítmicas, funcionaron de maravilla. Tiene ese tipo de amenaza; en una de las piezas más brillandes, “Open Spaces”, tocó el Ondes Martenot [un instrumento electrónico primitivo que produce sonidos tenebrosos], y toda la concepción detrás de ello fue perfecta. Esos paisajes enormes de Texas, y fue solo este pequeño fragmento, pero levantó todo el filme.

Le pregunto a Greenwood si es que necesita algo visual como punto de partida. “Sí,” responde, “disfruto tener algo para lo cual escribo música y que sea concreto pero a la vez tener el lujo de que no sea tan concreto, sino más como una excusa para escribir música. Mis días más emocionantes son las mañanas antes de grabar a un cuarteto o una orquesta o un solista de arpa, y saber que están viniendo, y poner los parantes y micrófonos, y sacar música para ellos. Y luego después de cuatro horas todo se terminó y ya tienes algo.”

“He tenido un paseo bastante suave. Tradicionalmente los compositores para filmes están muy por debajo de los maquilladores en la jerarquía. No es visto como muy importante, a menos que encuentres directores entusiastas. Y he tenido suerte tres veces seguidas.”

¿Es esa emoción más grande que salir al escenario en un concierto de Radiohead?

“Sí, creo que sí,” dice. “Porque tienes semanas de preparación, y solo está en el papel y te preguntas qué va a pasar. Estos músicos geniales están viniendo , y puedes darles algo inerte y pueden convertirlo en algo muy musical. Eso fue un gran descubrimiento para mi, te das cuenta de cuánto le dedican…pueden hacer que todo suene muy musical así sea solo un acorde Do mayor. Puede sonar mucho más emocionante de lo que creías que iba a ser. Es un gran secreto, pero no te das cuenta cuánto aportan estas personas. ‘Puedo hacer esto de cuatro o cinco formas diferentes – ¿cómo lo quieres?’ o ‘puedes obtener este tipo de efecto de las cuerdas’, y cosas por el estilo.”

“Como guitarrista, Jonny es extraordinario: virtuoso, frenético y lleno de personalidad” – Bernard Butler

Robert Ziegler no duda del talento de Greenwood como compositor, citando al modernista Polaco Penderecki es un antecedente. “Obviamente tiene la misma atracción por las masas de sonido que por grandes bloques de sonido orquestral. Como compositor para filmes, tienes que tender cuidado de no ‘asustar a los caballos’ y a los productores…”

There Will Be Blood condujo directamente al siguiente trabajo de Greenwood, ya que Tran Anh Hung usó un poco de ello como música de referencia en ediciones tempranas de Norwegian Wood. “Cuando vi There Will Be Blood,” dice Hung, “me sedujo por completo la música de Jonny. Fue un ‘sonido nuevo’ con una profundidad que nunca antes había escuchado en filmes. Las emociones que venían de su música eran tan… precisas, tan misteriosas y a la vez tan obvios. No dudé en lo absoluto que la música de Jonny traería esa belleza oscura y profunda que Norwegian Wood necesitaba.” Eventualmente Greenwood adaptó otra pieza, ‘Doghouse’, para la versión final del filme. ‘Doghouse’ es un concerto triple para violin, viola y cello, inspirado en pensar sobre los arreglos de Wally Stott para canciones de Scott Walker como “It’s Raining Today” y “Rosemary” languideciendo en la biblioteca de la BBC.

En un nivel estructural, “cuando era bebé me enseñaron que la nota Re en el piano está entre dos notas negras, y que se representa por la letra D porque está en una casa de perro, y esa pieza fue escrita con este patrón simétrico originado en esa nota,” explica Greenwood.

La dedicación para componer pareciera diametralmente opuesta a la espontaneidad del rock. Pero desde Kid A (2000), Radiohead se fue alejando del sonido de cinco personas en un cuarto tocando en vivo para ir hacia un alcance construido de manera laboriosa y procesado digitalmente. Las fueras del grupo y orquesta fueron comibnados en una de las entregas más recientes de la banda, “Harry Patch (In Memory Of)”, un tributo al último veterano sobreviviente de la primera guerra mundial (quien falleció en 2009, a los 111 años). ¿Cómo Greenwood, entrenado en viola en el colegio, vio que ambos métodos se podían complementar? “Siempre hubo orquestración en Radiohead,” sostiene. “Siempre ha sido bueno tener el conocimiento musical teórico y lo he usado todo el tiempo. Una gran parte de lo que siempre hemos hecho es copiar algo que no podemos de una manera ligeramente científica. Siempre ha sido así, ya sea en fragmentos de OK Computer que en nuestras cabezas queríamos que fueran como Bitches Brew, y el hecho que ninguno de nosotros pudiera tocar trompeta, o jazz, no nos molestaba. Eso suena arrogante, pero es mas sobre apuntar y fallar y no dejar que te incomode. Bastante de este trabajo para películas es tratar de hacer algo que realmente no sé cómo hacer, así que estoy garabateando por todos lados y me pierdo y me siento inseguro, pero ha sido una buena manera de trabajar”.

En persona, Greenwood es reservado y modesto, pero a la vez, se torna entusiasta cuando discute sobre los aspectos más emocionantes sobre su trabajo. Estamos frente a un hombre, parece, que incluso emplea su tiempo libre constructivamente para conseguir el objetivo de crear música.

“Salir de gira ha sido bueno para trabajar en piezas clásicas”, explica. “He pasado horas y horas en cuartos de hotel. El silencio…” Así que ¿hay tal cosa como un día típico para él en este momento? ¿qué hace cuando no está trabajando?”.

“Por el momento estoy tocando mucho piano,” dice luego de una pausa. “No sé, no tengo muchos pasatiempos. Solía hacer mucha fotografía… No sé. ¿Qué hago? ¿Qué haces? Generalmente me preocupo por cosas, ¿creo? Y sueño despierto con ideas para programar”. Eso le hace retomar el rumbo. “La programación está muy divertida en este momento, muy satisfactoria. Paso la mitad de mi tiempo escribiendo software musical, generadores de sonido basados en computadora para Radiohead. Tratando de saltearme la idea de otra gente sobre lo que el software musical debe hacer y cómo debe sonar, retrocediendo un paso. Es como construir cajas rítmicas mal hechas, sin usar presets, básicamente. Es como ‘Mouse Trap’, construyes cosas.” Entonces ¿tiene una mente matemática? “Me gusta bastante leer sobre ciencia popular – John Gribbin y cosas así. Bastante ciencia nerdy y libros de lingüística. Sí, soy un poco contemplativo, ¿para qué negarlo?”.

“Como guitarrista, Jonny es extraordinario: virtuoso, frenético y lleno de personalidad”, testifica Bernard Butler, quien ve a Greenwood como parte de un cuarteto de músicos con estilos distintivos que emergieron en el mismo tiempo, incluyendo a sí mismo, John Squire y Graham Coxon. “Todos somos guitarritas bastante emotivos y ligeramente locos, y tenemos cierta inquietud y sensibilidad melódica. No se me ocurren más guitarristas con esas características en este momento. Es algo casi no-Radiohead, pero probablemente conoció al diablo en una bifurcación en algún lugar, por la carretera A1 probablemente.”

Le pregunto a Greenwood cómo le gustaría ser recordado, ¿cómo compositor o como un guitarrista respetado? “Dios, ¡no como un ‘estilista de guitarra’!”, brama. “Ayudar a escribir algunas canciones muy buenas, tocar en ellas y grabarlas con esta increíble banda es como nada en el mundo. Sobre lo que la gente pueda pensar dentro de algunos años… ves a nuestro disco ganar el mejor álbum de los últimos nosecuantos años, pero luego ves álbums sorprendentes ganando lo mismo hace 20 o 30 años y piensas, está bien pero… lo único que importa es lo que hagamos después, realmente.”

Un comentario así naturalmente lleva a indagar de manera más gentil sobre los planes venideros para la gente de Radiohead. “Hemos estado grabando y trabajando,” confiesa. “Estamos en el espacio mental de querer terminar cosas y luego decidir qué hacer después. La manera antigua de pensar, cuando teníamos un sello discográfico, era, ‘Necesitas programar la gira hoy, a pesar que estás a la mitad de grabar el disco.’ Y ya no podemos hacer eso. Simplemente queremos terminar algo y estar satisfechos.”

Dejar a EMI para ir por cuenta propia ha significado, de manera no sorprendente, “perder la estructura, pero de pronto eres más libre. Ninguno de nosotros siente nostalgia por esos días donde esperábamos que alguien apruebe nuestra grabación. Pero siempre he dicho que con EMI tuvimos una muy buena relación a comparación de otra gente.”

Pero en la era de la distribución digital, y la presencia cada vez más invisible de la música en las grandes ligas, y dado que In Rainbows fuera lanzado con su política radical de paga lo que quieras – además de un concierto gratis e inesperado en Londres – las opciones son, sin importar cómo resulte el próximo disco, que habrá algo de fanfarria.

“No me gusta que la música se chorree,” anuncia mientras terminamos. “Me gustan los eventos, eso es todo, en verdad.”