Fresquísima está esta entrevista publicada hoy por el medio Metrópoli, dependiente de ElMundo.es, en donde Thom y Nigel hacen una intensa reflexión sobre la tecnología y sus aplicaciones en la música.

 

OK Thom Yorke

El carismático Thom Yorke aprovecha un descanso en Radiohead para presentar Atoms For Peace, un nuevo proyecto de pop futurista

 

“¿En serio vas a grabar la entrevista con eso?”. Sobre la mesa del desayuno en el hotel Arts de Barcelona, donde Thom Yorke y Nigel Godrich se alimentan a base de fresas, puré, zumos y tazas de capuchino, hay una Blackberry -la mía, indefensa ante sus arrogantes iPhones-. Los dos la miran como si fuera una deposición de perro y lanzan risotadas ruidosas. “Yo no tendría valor de hacer nada con una Blackberry, te admiro”, añade Nigel.

 

Puede parecer humillante, pero no hay mejor manera de empezar a hablar con el líder y el productor de Radiohead: esta reacción -en realidad simpática y dentro de un agradable fair play- les define en una sola frase como refinados sibaritas de la tecnología, sobre todo a Yorke, que a sus 44 años hace tiempo que vive casi de espaldas al rock y se siente más cómodo con un ordenador entre las manos que tocando la guitarra. De hecho, cuando no tiene que manejar Radiohead -una banda con un equilibrio de poder más complicado que el de Juego de tronos-, Yorke se dedica a ser un turista de lujo en el amplio campo experimental.

 

Cuando se tomó su primer descanso del grupo en 2006, editó The Eraser, un álbum de crujidos digitales y característica voz dolorosa que le fue devuelto, en forma de remix, por puntales de la vanguardia electrónica como Surgeon o Cristian Vogel. Aquello le acercó a artistas como Burial, Four Tet, Flying Lotus o Modeselektor, con los que ha compartido estudio, sin que hubiera vuelta atrás.

 

Ahora, Yorke colecciona música de club, se adentra en las técnicas de collage de los DJs y encarga remixes, como los de los siete maxis que acompañaron la edición de The King of Limbs (2011), por ahora el último disco de Radiohead. Tras acabar la última gira, y una vez más de rodríguez, Yorke publicó el pasado febrero Amok bajo el nombre de Atoms For Peace, una banda alternativa completada por Nigel Godrich, dos percusionistas y Flea, el fibroso bajista de Red Hot Chili Peppers. El disco es una continuación de The Eraser, sujetado por ritmos de inspiración alemana y ráfagas de sonido analógico que parece escrito en algún código extraterrestre. Definitivamente, rendido a la seducción de la máquina.

 

¿Cuándo sucedió la epifanía, o sea, el momento en el que comprendió que usar la tecnología era el camino para crear música?

 

THOM YORKE. El primer cambio lo percibí alrededor de OK Computer (1997).
NIGEL GODRICH. Por eso el disco se llamó OK Computer (risas).
T.Y. Nigel nos grabó el disco en el ordenador, usando programas como Pro Tools. Sentí una curiosidad tremenda. Nunca he sabido cómo manejar una mesa de mezclas de pistas múltiples, pero un programa de ordenador… joder, eso se podía aprender. Empecé también a comprarme discos de Aphex Twin. Supongo que todo aquello fue la epifanía, al comprender que podíamos cambiar el método de trabajo y hacer de todo el proceso algo más sorprendente y divertido.

 

¿Se considera un adicto a la tecnología en estos momentos?

 

T.Y. No lo sé. Todavía disfruto sentándome al piano para componer una canción. Pero cuando estoy rodeado de cacharros que no acabo de entender cómo funcionan necesito resolver el rompecabezas y me tiro horas. Casi nunca me aclaro, pero eso también es bueno: del azar y el error salen buenas ideas.

 

Cuando se editó OK Computer, el disco transmitía incertidumbre: no estaba muy claro si era una crítica al mundo capitalista reforzado por la informática o si el título implicaba fe ciega en el progreso.

 

T.Y. No, el cambio que notábamos por entonces nos estimulaba mucho. Lo vimos como una tremenda oportunidad para ganar independencia ymejor comunicación. A veces nosmetíamos en páginas de fans con espacio de chat y nos presentábamos: “hola, somos Radiohead, estamos en el estudio, grabando un disco”. Nadie nos creía. Ahí fue cuando exigimos a EMI tener una web propia, como Massive Attack. Aprendimos a programar html y todo.

 

Parece que todo es un aprendizaje continuo, adaptarse sin parar a un mundo que cambia siempre. ¿Le resulta fácil, o a partir de cierta edad cuesta más?

 

T. Y. Es una lucha cada día. Cuesta muchísimo saber cómo funciona internet. Las redes sociales… joder, cada día sale una nueva.Cuando te has adaptado a Twitter llega Instagram y así siempre. Nunca sabes qué impacto real tienen, no sabes cómo llegar al público a través de ellas. Además, te sientes indefenso: son herramientas montadas por alguien que se está haciendo de oro canalizando asuntos privados de la gente. Sueno un poco a viejo, pero todo esto me resulta problemático.

 

Hace unas semanas participaron en un consultorio sentimental para la web Rookie, que está dirigida a chicas adolescentes. ¿Fue para estar cerca del público joven o para comprenderlo mejor?

 

N. G. Nos picó la curiosidad. Es una de esas peticiones de promoción inesperadas que te pasan y a las que normalmente dirías que no, pero ésta era tan extraña que dijimos que sí. Habíamos oído hablar de la responsable de la web, Tavi, una bloguera de 16 años.

 

Parece que cada vez los saltos generacionales son más fuertes y sin apenas diferencia de años. Entre la gente cercana a los 40 y los millennials cada vez hay menos aspectos en común.

 

T.Y. ¿Tienes hijos? Supongo que si tuvieras hijos la comprensión sería más fácil. ¿Qué son los millennials, por cierto?

 

Es la generación nacida a finales de los años 80 y principios de los 90 y que llegó a la adolescencia con el cambio de siglo. La generación que retratan series como Girls.

 

T.Y. Ah, comprendo. Retiro lo dicho, mis hijos son más pequeños.
N.G. Yo no los tengo, pero sí amigos con hijos de esa edad. Es cierto que es difícil conectar con ellos culturalmente, pero también tengo la sensación de que todavía tenemos un espíritu joven para nuestra edad. Nuestro trabajo nos permite estar todavía en contacto con gente joven.

 

Ahora incluso están desarrollando un proyecto paralelo como DJs.

 

N.G. Thom fue DJ cuando aún estaba en la universidad. Pinchaba en fiestas los viernes por la noche.
T.Y. Sí, pero ahora es otra cosa. Quiero crear un tipo de directo híbrido en el que se puedan ir añadiendo cosas inesperadas sobre la marcha. Me tiene fascinado el tipo de directo que hacen artistas como Flying Lotus o Modeselektor. Todo está controlado, pero a la vez suena espontáneo. En el directo de Atoms For Peace estamos logrando ese efecto muchas veces, la gente viene a los conciertos y baila, y a la vez les damos una experiencia muy abstracta.

 

Amok es como la continuación de The Eraser, pero el disco suena más relleno y fuerte. El primer álbum de Thom en solitario sonaba precisamente a eso, a una persona sola haciendo sus ruidos. ¿Qué efecto han buscado ahora?

 

T.Y. Tenía que ser algo distinto. Han pasado siete años.
N.G. En aquel momento, Thom estaba atravesando un momento personal extraño, estaba muy desorientado, aprendiendo nuevas maneras de hacer música sin la ayuda de los demás Radiohead. Pero ni a él ni a mí nos gusta trabajar solos, así que trajimos a más gente a tocar en el estudio, para llenarlo de más sonidos e ideas, para que fuera más dinámico. No planificamos nada, su fuerza surgió muy natural.

 

¿Por qué Atoms For Peace? Juntando las palabras ‘átomos’ y ‘paz’ suena a intento de crítica ecologista o algo parecido.

 

T.Y. No, la verdad es que no hay ninguna intención de esa clase. Elegimos Atoms porque daba la idea de fuerza. Partículas de sonido que llevan energía.

 

Pero no es un disco pacífico. Es dinámico y arrollador

 

T.Y. Sí, tienes razón. No lo sé. ¡Pero es un disco hecho de átomos! Aquí han trabajado a partir de ideas propias.

 

Debe ser muy distinto a hacerlo en Radiohead, donde Colin y Jonny Greenwood también tienen una jerarquía alta y puntos de vista propios. ¿Cómo se arbitran esos choques cuando se reúnen todos para grabar?

 

N.G. No sé cómo se hace, pero tengo que hacerlo yo. Jonny y Thom son las dos fuerzas creadoras con más estatus, traen sus ideas y finalmente tengo que montar el puzle. En Atoms sólo tuvimos que reclutar a la gente que necesitábamos. Radiohead es una cosa mucho más complicada. No se puede improvisar demasiado, hay que planificar para que muchas personas queden satisfechas.

 

Por cierto, no se está hablando demasiado de una efeméride, y es que este año se cumplen dos décadas desde la aparición de Pablo Honey.

 

T.Y. ¡Ugg! (Thom emite un sonido como de tos atragantada).

 

Lo siento, sé que no le tiene simpatía a ese disco. Pero fue el comienzo, aunque ahora sea un músico muy diferente. ¿Qué es lo que jamás pudo imaginar que fuera a hacerse realidad 20 años después?

 

T.Y. Precisamente eso, que fuera a haber futuro. Al principio no sabíamos de qué iba la cosa ni qué estaba pasando. Sólo sabíamos que algo no iba bien. Esperábamos de un sello como EMI que nos apoyara a ser nosotros mismos, como hicieron antes con Pink Floyd o los Beatles. Pero descubrimos que las grandes corporaciones tienen un lado muy siniestro. Sólo querían dinero. Sabíamos que tenía que pasar algo para no acabar engullidos por aquel sistema atroz. Entonces hicimos Creep (1992) y desde ese momento los directivos venían, nos daban la mano y las gracias, y decían “chicos, a partir de ahora podéis hacer lo que queráis”. Y piensas, “¡joder, genial!”. Pero fue un golpe de suerte. Sin ese golpe de suerte, ahora no estaría aquí.