Lo siguiente es un artículo sobre Radiohead, elaborado por la revista Rolling Stone.
Tómate tu tiempo, relájate y disfruta:

 

Thom Yorke entra al comedor en el backstage del American Airlines Arena en Miami, vistiendo una remera oscura, pantalones ajustados rojos y una sonrisa torcida. “Me siento emocionado por dentro – y nervioso por dentro”, dice el líder de Radiohead mientras se sirve una taza de café. Yorke viajó desde Gran Bretaña tarde ayer – en sus párpados todavía se nota el jetlag – y se lo espera en el escenario en un rato, para el último ensayo antes del lanzamiento de la gira más larga de Radiohead desde 2008: 58 shows durante 10 meses en América del Norte, Europa, Asia y Australia. La misma se inicia mañana.

 

“Todo – la producción, la nuevas luces, el setlist – aun están en desarrollo”, dice Yorke. “Pero por fin arranca”. Poco después se lo puede escuchar preparar su voz en un cuarto cerrado, practicando escalas en gorgojeos precios, altos, manteniendo notas y “aaaaah” limpios.

 

Radiohead no solo está comenzando un tour; están revelando un renacer. La banda está terminando una de las épocas más desafiantes y confusas en su carrera: casi tres años de silencio público y caos privado durante la cual Radiohead lidiaba con la reinvención y su futuro. Hicieron algunas de sus más hermosas canciones en su álbum menos popular, The King of Limbs que salió el año pasado, pero no lo promocionaron y se mantuvieron fuera de los escenarios, sin saber cómo o si iban a poder presentarse como banda nuevamente.

 

“Todavía estamos organizandonos”, admite Yorke, sentado en uno de los camarines de la banda. Recuerda las primeras sesiones de prácticas para esta gira. “Me volvía loco … decía que no había tiempo … quiero hacer todas estas cosas nuevas”.

 

Pero sobre el escenario, un rato después, él y el resto de Radiohead suenan exhuberantes y confiados mientras interpretan “Bloom” de The King of Limbs. Lo que sonaba en el álbum como un enigma vidrioso, loops y encantamientos de fantasma suena ahora como agua que fluye, arreglada por el nuevo sexteto como una furia de ritmos y guitarras sucias. “Morning Mr. Magpie” también suena más pesado que su versión en The King of Limbs, mientras que “Meeting in the Aisle” – un instrumental de las sesiones de OK Computer, en 1997 – se escucha fresco, como música surf turca con una base trip-hop.

 

Radiohead trabajó en más de 75 canciones para los shows de 2012, incluyendo material escrito durante los ensayos el pasado invierno en su estudio de Oxford. La banda interpretará algunos recién nacidos, como ser “Identikit” y “Cut a Hole“. Yorke, de 43 años, dscribe el primero como un “tema alegre, lento pero con con un estilo frágil hip-hop”. Sonríe. “Ese se las arregló para llegar a lo más alto de los que tenían ese estilo”. Colin, que tiene 42 años, está expectante con otro, “Full Stop“, particularmente con la parte” donde la voz de Thom vuela con un falsetto impresionante. La canción simplemente despega”.

 

En una entrevista antes de la práctica, Yorke acredita a la adición de Deamer, que viene de la banda británica Portishead, por la renovación en vivo. “Tener otro músico para rever el material antiguo fue tan importante como tener nuevas canciones”, dice Yorke. Está tirado en un sillón, pero su voz resuena con una energía que no descansa. “En el proceso, descartas canciones porque solo puedes hacerlas de una cierta forma”, dice. “Darle un nuevo aire a esos temas se sinte muy bien. No tienes que preguntar ‘oh, ¿cómo seguía?’ sino ‘¿cómo podemos hacerla bien ahora?’”.

 

El mejor ejemplo es el tema que le da título a Kid A, de 2000. Grabado durante la cenit del odio de la idea de banda-de-guitarras de Yorke, “Kid A” fue apenas una canción – una nube de zumbidos con Yorke cantando a través de un vocoder como un niño robotizado. Esta noche, suena gigante y metálico, un estallido de doble percusión con un una atmósfera sorprendente y clásica en los acordes de piano, ejecutados por Jonny.

 

“Era una anti-canción”, dice O’Brien al día siguiente, en una sala con vista al mar en el hotel de Radiohead. “Ahora es algo cálido, particularmente hacia el final. De repente, tiene un amanecer”. Durante mucho tiempo, en mucha de la música de la banda, él admite que “nada que fuera genuinamente hermoso era aceptado. Jonny siempre fue muy bueno para colocar una guitarra ruidosa sobre las cosas”.

 

“Esto es más o menos dónde estamos ahora – y Clive ha traido consigo”, dice O’Brien, que cumple 44 años este mes. “¿No decían que cuando los Beatles tenían a Billy Preston se comportaban mejor?”, bromea. “Tener a alguien que rompa con la energía – eso es bueno. Sacó a la gente de sus antiguos hábitos”.

 

“Lo oyes todo el tiempo”, dice O’Brien. “Estas bandas dicen ‘estamos en el mejor momento de nuestras vidas‘ y no hacen buena música. Me rehuso a decir eso. No es nuestra mejor época. Es otra – y es una muy buena. No se siente como una nueva banda, se siente como una banda que se conoce a sí misma”.

 

Yorke no está tan seguro – todavía. “Es raro no tener versiones finales grabadas”, dice sobre las nuevas canciones, “porque es ahí cuando tomas las decisiones finales. Estar ensayando temas nuevos, no tenerlos grabados, con un sexto miembro en la banda …” dice mientras revolea sus ojos en pánico. “Todo fluye, no estoy seguro de qué se trata”.

 

Jonny, de 40 años, sentado en el sofá junto a Yorke, recuerda al cantante llegar al primer día de esanyos en Oxford: “Llegó y dijo ‘soñé que teníamos un mes más para practicar’. ‘¿no seria eso muy bueno? pensé”.

 

“No hemos tocado frente al público todavía, así que no sabemos qué tan bueno es” dice Yorke. “Quizá no lo sepamos mañana tampoco”. Muestra nuevamente su sonrisa torcida. “Quizá tome un tiempo”.

 

Radiohead ha estado grabando durante 2 décadas. Este año se cumple el vigésimo aniversario de su EP debut, Drill, y del lanzamiento inicial de su hit en el top 40, Creep. Desde entonces, la banda ha disfruado del más extraño movimiento hacia adelante que cualquier otra banda de rock. Sus albumes más exitosos, incluyendo dos número uno en Estados Unidos, Kid A e In Rainbows, son resbalosos y discordantes: mezclas y colisiones de guitarras violentas, electrónica bailable críptica, y baladas mordaces y elípticas. El último álbum “convencional” de Radiohead, de acuerdo con su productor habitual, Nigel Godrich, fue su clásico de art-rock, OK Computer. “Esencialmente, ese fue un álbum de guitarras alcanzando otras dimensiones” dice Godrich. Radiohead comenzó cada álbum subsiguiente de la misma manera. “Comenzamos con lo que no queremos hacer después”, dice O’Brien.

 

Ha habido mucho trabajo externo en los últimos años. El primer lanzamiento de Selway, Familial, apareció en 2010. Yorke tiene casi terminado el primer álbum de estudio de su banda Atoms for Peace. Jonny, un compositor prolífico de bandas sonoras y orquestas, acaba de editar un álbum con el compositor polaco Krzystof Penderecki. Siendo una banda independiente desde el final de su contrato con EMI en 2003, Radiohead exploró maneras alternativas de lanzar su música. In Rainbows apareció primero como una descarga dónde se elegía el precio. Un tema hermoso de 2009, “These are my Twisted Words” fue gratuito.
The King of Limbs llegó como un shock total: una descarga con un aviso de solo una semana y sin publicidad de parte de la banda. A eso le siguió un CD un mes después. Pero el ataque sorpresa, combinado con la desconcertante limitación en la música, no salieron como esperaban. “Había gente que estaba interesada en la música de la banda, pero no sabían que Radiohead había sacado un álbum”, dice Bryce Edge, uno de los managers de la banda. A la fecha, The King of Limbs ha vendido 307.000 copias en Estados Unidos – el primer álbum de Radiohead que no alcanza el oro aquí.

 

Pero esa cifra, como remarca Edge “no incluye las copias digitales qu vendimos” – un estimado de 300.000 a 400.00 copias compradas a través del sitio de Radiohead. “La mayor parte de las ventas fueron directas de la banda a los fans”, dice el otro manager Chris Hufford. “Financieramente, este fue probablemente el álbum más exitoso que hayan hecho, o muy cerca de eso. En un contrato tradicional, el sello discográfico se queda con la mayor parte del dinero”.

 

Radiohead realizó solo 3 shows en 2011, luego de reclutar a Deamer para ayudar a recrear las capas de percusión superpuestas en The King of Limbs: un set sorpresa en el festival inglés Glastonbury y dos conciertos que se vendieron rápidamente en el Roseland Ballroom de Nueva York. Y ahora la banda se lanza al otro lado del océano: su itinerario por Estados Unidos incluye fechas en festivales (dos en Coachella y una en Bonnaroo). O’Brien dice que el grupo ya “ha hablado sobre la forma en la que las cosas pueden evolucionar, quizá hacerlos en dos o tres secciones – tres movimientos, si se quiere”. Colin está muy emocionado por la idea de meterse al estudio durante el viaje. “Quizá hagamos algunos muy rápidos”, dice, “meternos en algún lugar un fin de semana y tocar”.

 

La banda está realizando secciones de 3 semanas con pausas considerables, en parte debido a asuntos familiares. Todos los miembros de la banda aun viven en Oxford excepto por O’Brien, que vive en Londres, y todos están casados a excepción de Yorke, que ha estado junto a su pareja, Rachel Owen, desde que eran estudiantes en la Universidad de Exeter. Los cinco son padres dedicados. Colin, Jonny y Selway tienen 3 hijos cada uno; Yorke y O’Brien tienen 2. “Mis hijos cambian de escuela en Septiembre”, resalta Selway, de 44 años. “Quiero estar cerca en ese momento”.

 

Pero durante las entrevistas de este año y del año pasado – en Oxford, Londres, Nueva York y finalmente Miami – se puede notar que la banda está ansiosa de encarar una nueva gira luego de pasar mucho tiempo muy cerca de sus hogares. La primera noche en el Roseland el año pasado fue, como dice O’Brien “una gran lección. La prueba de sonido fue una maldita pesadilla. Los monitores eran una mierda – no podíamos escucharnos. Sentíamos que no estabamos preparados. Pero ¿sabes qué? Todo salió bien. Nuestros managers decían que era uno de los mejores shows”.

 

“Fue un maldito viaje – el mejor subidón de adrenalina que tuve en los últimos años”, dice Yorke. “No se sentía como si pisaramos el suelo que pisamos antes, caminando sobre nuestras tumbas. Todavía estabamos deambulando en la oscuridad, tropezando. Y era bueno”.

 

“Nos hizo sentir como una banda de rock nuevamente”, dice Colin, más racionalmente, en el backstage de Miami. “Está bien estar en una banda encarada como algo de 9 a 5: despertar a los niños, llevarlos al colegio, trabajar un poco, volver a casa. Pero veo a mis amigos que tienen trabajos en Oxford y trabajan duro pero no lo disfrutan, y eso me frustra. Tenemos un trabajo que es nuestra pasión. Roseland nos hizo recordar lo bueno que puede y debe ser”.

 

Radiohead habla sobre The King of Limbs como un asunto sin terminar, como un álbum con futuro y una audiencia que espera por él. La banda no sale de gira este año “específicamente para promocionar el álbum”, dice Selway. Pero agrega “con suerte, la gente se conectará con el álbum a través de los shows”.

 

“Fue genial lanzar el álbum de esa forma”, dice Yorke, “pero después parecía que no existía”. Menciona una charla que tuvo sobre el álbum, un par de meses luego de su lanzamiento, con Phil Costello, un amigo de la banda y ex ejecutivo de su antiguo sello, Capitol. “El decía ‘ya pasó, simplemente pasó.’ ¿En serio? Mierda”.

 

“Pero esa fue la consecuencia de lo que decidimos hacer”, admite Yorke. “Puede o enojarte o decir ‘bueno, eso no es suficientemente bueno’”.

 

Hace una tarde cálida de otoño en Nueva York, el día antes del primer show en Roseland, y Yorke – entre sorbos de té en el lobby de un hotel en el centro – recuerda sus noches de viernes durante su estadía en la Facultad, trabajando como DJ mientras realizaba su título general en Exeter. Radiohead era un trabajo de medio tiempo, escribiendo canciones y grabando demos bajo su nombre original, On a Friday, durante los recesos en el estudio de los miembros.

 

“Yo no era particularmente bueno”, dice Yorke sobre su actividad como DJ, “porque la gente me compraba bebidas para que yo pasara la música que ellos querían. Al final de la noche, no veía los discos”. Yorke recuerda mezclar temas electro-dance de un duo belga, Cubic 22, y el trio inglés 808 State con algo del grunge primitivo de Seattle. Le gustaba particularmente como las bandas de Manchester, como Happy Mondays y The Stone Roses mezclaban la psicodelia de los 60s con la cultura Rave inglesa. “Lo que luego no sucedió más”, se queja. “De repente, las guitarras eran la única manera de hacerlo. Y fuimos parte de eso”.

 

Desde OK Computer, Yorke ha luchado persistentemente para distanciar a la banda de la instrumentación y del proceso de grabación tradicionales. “Hablé hasta el cansancio de eso mientras grababamos In Rainbows”, dice. “Era una frustración constante ir en la dirección opuesta”.

 

The King of Limbs es el sueño del Thom Yorke DJ-estudiante: las bases del rock transformadas completamente por la electrónica. La batería, bajo y partes de guitarra son todos samples, ejecutados individualmente por los miembros de Radiohead, luego manipulados, loopeados y puestos en capas para formar canciones terminadas con melodias ensoñadas y letras tipo haiku a cargo de Yorke. “Lotus Flower“, “Codex” y “Give up the Ghost” laten y flotan más como sugerencias que como canciones, murmullos exóticos que no tienen apuro en convertirse en declaraciones definitivas. “Puedo ver por qué alienó a la gente”, dice Yorke dice ahora sobre el álbum. “No me di cuenta de que era un planeta en sí mismo”.

 

“No queríamos agarrar las guitarras y escribir secuencias de acordes”, dice Jonny sentado en un café cerca de los estudios Abbey Road en Londres, donde Radiohead grabó parte de su segundo álbum, The Bends, en 1995. “No queríamos sentarnos frente a la computadora tampoco. Queríamos una tercera opción, que involucre tocar y programar”. Fue una búsqueda larga: Radiohead trabajó en The King of Limbs durante períodos entre Mayo 2009 y Enero 2011.

 

Alto y tímido, constantemente quitándose una cortina de cabello negro de su cara, Jonny es el único miembro en Radiohead sin un título universitario; dejó sus estudios en psicología y música en el Oxford Polytechnic College cuando el grupo obtuvo su contrato discográfico en 1991. Pero es sin duda el músico más talentoso en Radiohead: un violinista con educacón clásica que además toca el violín, el cello y el teclado. Jonny también creó el software usado para samplear instrumentos en The King of Limbs. “Nunca me sentí más feliz”, dice, “que cuando estaba en mi cuarto, de niño, trabajando en algunos juegos de computadora malos”.

 

“Las paredes de ladrillo con las que solíamos chocar”, dice volviendo al álbum, “aparecían cuando sabíamos que algo era grandioso, como ‘Bloom‘, pero sin terminar. Sabíamos que la canción era casi lgo. Luego Colin vino con esa linea de bajo y Thom comenzó a cantar. Esas cosas la hicieron mil veces mejor. Todo lo demás estaba esperando al material indicado”.

 

“No se parecen a ninguna otra banda en el estudio”, dice Godrich, que trabaja con ellos desde OK Computer. “No podrían grabar ‘Bohemian Rhapsody‘ porque no tienen tanta capacidad de atención. Si no sucede inmediatamente, Thom se confunde. No es su forma de actuar”.

 

Godrich cita una canción famosa de Radiohead que nunca fue terminada en el estudio, “True Love Waits“, una balada popular en los conciertos: “tratamos de grabarla infinidad de veces, pero nunca funcionó. La ironía es que tienes esta versión mala en vivo (en el mini-álbum de 2001, I Might Be Wrong). Según Thom, el necesita sentir que la canción tiene una validación, que tiene una razón para existir en una grabación. Podríamos hacer “True Love Waits” y hacerla sonar como John Mayer. Nadie quiere hacer eso”.

 

Radiohead no promocionó The King of Limbs con un gira el año pasado por dos razones. Uno: “pensamos que no podríamos tocarlo en vivo”, dice Jonny. La otra “fue en parte mi culpa”, reconoce Yorke. El álbum “abrió tal cantidad de posibilidades extrañas”. El quería volver al estudio, luego se retractó “siguiendo por el mismo camino. No podíamos hacer eso, no podíamos tocar en vivo: ‘aw, mierda, ¿y ahora qué?’”.

 

Deamer, de 51 años, un baterista veterano del jazz y la música dance que también trabajó con Robert Plant, fue la respuesta. “Me ha encantado su forma de tocar por años”, dice Selway. “El parecía la persona más natural para hacer el trabajo”. A principios de 2011, ambos comenzaron a diseccionar las nuevas canciones y decidir cuáles de las muchas partes ritmicas podían tocar en vivo. Un año después, Selway está en el teléfono desde Oxford luego del último día de ensayo en Oxford: “todo está completamente abierto”, en una versión enérgica de su voz suave y caballerosa. “Al ver que la dinámica entre los seis rinde frutos – hemos comenzado algo. Muchas bandas en este punto de su carrera no tienen esa chance. O la pierden cuando la tienen”.

 

Pero, dice Yorke, “no habría forma de que imaginaramos lo que estamos haciendo ahora, en vivo, si no nos hubieramos sentado frente a las bandejas y las computadoras, armando el álbum de esta forma. No habría habido forma de que se hubiera transformado en este algo tan dinámico”.

 

Al consultarle qué canciones cambiaron más en vivo, Thom menciona “Lotus Flower“. “Con los dos bateristas, de repente se volvió sucia”, dice. “Me gusta mucho”. Y acepta que “Give up the Ghost” – una balada vacía y repetitiva en el álbum – se convirtió en algo más en Roseland: una oración circular explosiva mientras Jonny capturó y manipuló la voz de Yorke en vivo.

 

“También sampleas lo que el micrófono toma del lugar”, explica Yorke. “Vuelve a la sala una y otra vez. Cómo sonará eso en un estadio …”, los ojos de Yorke se abren con placer. “Me había olvidado de eso. Puede ser algo”.

 

En una tarde de verano en Oxford, Colin camina bruscamente hacia un pub en el antiguo centro de la ciudad, marcando los lugres históricos mientras caminamos. Apunta a la angosta puerta del la prominente galería de Arte Moderno de Oxford. Cuando no estaban tocando juntos en la universidad, los jóvenes miembros de Radiohead se reunían en la sala del sótano, “hablando mucho, cada uno de nosotros con una sola taza de café durante 5 horas”, dice Colin.

 

En la esquina, apunta a una tienda – parte de Cult, una cadena de ropa – y remarca con una sonrisa alegre que Thom trabajaba en otra sucursal local como vendedor. Es una imagen improbable: Yorke, un hombre compacto con energía impciente y una ironía letal, cerrando un negocio por jeans de diseño.

 

Al pasar por una cabina de teléfono, Colin recuerda los primeros intentos, accidentados, de Radiohead por grabar discos, antes de lograr el contrato con EMI. “No había e-mail o celulares”, dice el bajista. “Encontrabamos una cabina, poníamos dinero y llamabamos a un estudio”. Una vez, cuando preguntaron cuanto costaba una sesión, “el tipo dijo ‘9 mil libras‘. Dijimos ‘¡gracias!‘ y colgamos”. Al final, Radiohead grabó la mayor prte de su primer álbum,Pablo Honey, en un estudio que pertenecía en parte a un productor que había trabajado con la versión sesentosa y blues de Fleetwood Mac.

 

Luego está el Bear Inn, un pub antiguo real (abierto en 1242) con techos peligrosamente bajos. Colin, un nativo de Oxford, y Yorke – nacido en una ciudad pequeña de East Midlands, Wellingborough, y criado inicialmente en Escocia – se conocieron en su pre-adolescencia. Ambos tomaban clases de guitarra clásica en Abingdon School, en las afueras de Oxford. En el Bear, ambos se las arreglaban para comprar bebidas a pesar de no tener la edad mínima y hablaban sobre sus ídolos para la banda que planeaban formar: New OrderTalking Heads y el favorito de Yorke, R.E.M.

 

Con una pinta de cerveza de por medio, en una mesa de picnic fuera de el Bear, Colin recuerda emocionado “la emoción del ruido” en el primer show local de Radiohead, “cuando tocas en un pub, pidiendo prestado el amplificador de bajo Fender a un tipo mayor y has tomado unas cuatro latas de cerveza para envalentonarte. Hicimos eso para el primer show que hicimos. De esa manera fue un asunto de 20 minutos”. Señala la calle que corre detrás del Bear, hacia Jericho Tavern. Radiohead realizó su primer show en 1986, bajo el nombre de On a Friday, en honor al día que ensayaban normalmente, cuando todos estaban estudiando en Abingdon School. Selway, el mayor, tenía 19; Jonny aun no llegaba a 15.

 

Luego, parados fuera de un restaurant en un barrio residencial, Colin apunta a otro altar de Radiohead: la casa cerca de Magdalen Road y Rigfield Road donde Colin, Selway y O’Brien alquilaron una casa en el verano de 1991. La banda guardaba sus equipos ahí, y todos los miembros vivieron ahí, en combinaciones variables, durante 4 años. “Buenos tiempos”, dice Colin con un suspiro, “aunque Jonny nunca se encargó del lavado”.

 

Selway describe ese período como “buen entrenamiento para los buses de gira. Había pilas de cajas de pizza en los rincones. Podía ponerse tan insoportable que alguien tenía que limpiar. Yo iba y venía la mayor parte del año. Creo recordar que Colin se mud´a mi cuarto luego de que lo decoré bastante elegantemente”.

 

Yorke llegó luego de graduarse en Exeter. “Vovíamos de los shows”, dice, “y escuchabamos la máquina contestadora. Había mensajes de 10 A&R (Caza talentos)”.

 

La casa en Rigfield Road fue el final de la adolescencia de Radiohead – el punto en el que se convirtieron en una banda de tiempo completo obsesionada con su trabajo y progresión. Jonny describe una navidad cuando todavía estaba en la secundaria y los demás volvían de la Universidad: “ensayamos en un salón en la ciudad todos los días, inclusive el día de navidad. Era una locura. No había un concepto. Trabajabamos en canciones por alguna razón futura nebulosa que no habíamos pensado bien todavía”.

 

“Esos son los momentos intensos que pasamos juntos”, dice. “Es así como ha sido siempre. Nuestro grupo siempre giró alrededor de tocar instumentos, canciones sobre las que hablar”.

 

“Creo que fue entonces cuando escribimos “Creep“, dice Yorke cuando le preguntamos por esa navidad. “Existen esos períodos cuando estás energizado. No te puedes forzar a quedarte. Pero cuando funciona, cuando sucede y todo es bueno, toda esta mierda ocurre”.

 

La aversión a las rutas de Yorke emergió bastante temprano. Al igual que su disgusto en el decoro de seguir la corriente que esperaba un sello grande. El manager Edge recapitula “un show famoso” en Las Vegas “cuando hicimos un viaje ridículo debido a la falta de conocimiento de las rutas norteamericanas que tenían los tipos de la promoción. Estabamos haciendo un programa de radio, junto a Tears for Fears, y todo el mundo estaba de mal humor”. Durante el show, “en un ataque de resentimiento”, Yorke destrozó la mitad de las luces del escenario. Edge mantiene que “la idea de hacer algo similar se fue hace mucho tiempo”.

 

Pero Yorke recuerda su no mucho más joven ser – particularmente la anti-estrella atormentada documentada enMeeting People is Easy, el documental de 1999 sobre el tour de OK Computer – sin excusas. “Estaba aburrido”, declara abruptamente, en el backstage de Miami, de su aura de zombie oscuro en ese film. “Me encantó ese álbum. Pero la idea de estar atascado con esas canciones durante un año y medio, en la misma forma, sin cambios, sin nada – luché con eso. Terminabamos una canción y yo quedaba parado, inmóvil”.

 

“Entiendo ahora por qué hicimos todos esos shows”, confiesa Yorke. “Si no los hubieramos hecho, no estaríamos donde estamos. Pero perdí la cabeza. Hemos pasado por diferentes etapas – esa fue una mala”.

 

“Lo que es diferente sobre nosotros”, dispara Jonny, “fue que desde el comienzo, nuestra obsesión fueron las canciones. Actualmente salimos de gira como un efecto secundario”.

 

“No era un grupo de amigos”, observa O’Brien sobre Rigfield Road, “muy diferente a un grupo de co-conspiradores, Teníamos un objetivo común. De eso se trataba todo, de soñarlo. Todo lo que tenemos hoy en día – nunca dudamos que podíamos conseguirlo. Y lo logramos, porque el mundo material así lo hizo posible”.

 

“Pero tengo que decir esto – son mis hermanos. Algunos no se han dado cuenta. Pero estaremos en los funerales de todos. Hemos logrado esto. Somos una familia”.

 

Eso es “algo que no nos reconocemos”, dice Colin. “Somos demasiado ingleses”.

 

“Hay un lado físico que encuentro interesante – el aliento”, dice Yorke. Trata de explicar a dónde va mentalmente y lo que siente cuando canta. “Es un estado meditabundo, como estar parado en la estación de subte cuando el tren se acerca. Las cosas pasan a través tuyo – los trenes, la gente”.

 

“Me llevó unos años saber como hacerlo”, dice acerca de las presentaciones en vivo, durante una entrevista al desayunar en Londres en Julio pasado. “Ver gente como Michael Stipe y Jeff Buckley – me di cuenta de que es un buen lugar a donde ir. Está bien cerrar los ojos”.

 

Más tarde ese día, Radiohead se reunió con Edge y Howard para discutir la gira 2012. Luego, O’Brien describió la reunión como tensa. Yorke ya sonaba inquieto mientras comía su omelette de claras de huevo: “el nivel de maquinaria me aterra a veces. Vas al backstage y hay gente y cosas por todos lados”.

 

“Nunca quisimos ser grandes”, dice. “No quiero ser amado de esa forma. Puedes decir que es egoista. También puedes decir que se trata de alguien que logra lo que quiere: tratar de joderte”. Yorke articula la última frase sin entusiasmo.

 

“Porque de eso se trata todo”, continúa, “tirando la red abierta, creando caos y confiando que algo vendrá de eso – sin entrar en pánico, simplemente siguiendo la fe ciega y las partes en movimiento. Esta idea – ¿dónde estaremos en cinco años? A la mierda cone so. Yo solo estoy buscando los diamantes en bruto”.

 

“Thom tiene el detector de mentiras más afinado de la banda”, dice O’Brien, con admiración, en Miami. “Es es balance – una vida intensamente crítica, con una habilidad de sentir, una gran intuición. No estamos tomando las decisiones más inteligentes en cuanto a los negocios. Pero seguimos nuestra intuición. Es sobre el arte”.

 

“Es un trabajo en desarrollo – esa es la parte que me gusta”, confirma Yorke justo antes de la última práctica. Luego dice algo más. “Pensaba, mientras estaba de vacaciones hace poco – he estado haciendo esto más de la mitad de mi vida”. Pausa. “¡Es una locura!” proclama Yorke con una risa sorprendente. “Y es bueno. Es un trabajo – y uno bueno”.

 

“En realidad necesitamos ir al escenario y ver dónde estamos”, declara, listo para tocar. “Es un escenario grande, y habrá mucha gente”. Más risas. “Pero nos han dicho que está bien”.

 

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