La siguiente entrevista, fechada el 19 de diciembre de 2012, forma parte de la edición de marzo de este año de la revista Esquire.

 

Si vas a ser vegetariano, realmente te tienen que gustar las lentejas. Sino, estás jodido.

 

Todas las murallas son grandiosas, si el techo no se cae.

 

Mi papá me enseñó a siempre esperar que alguien enloquezca y venga en sentido contrario por el camino, directamente hacia mí. Siempre asumí que ése sería el caso. Intentó enseñarme a sospechar mucho de la gente – a no confiar. Creo que lo llevó demasiado lejos cuando yo era niño. Tuve que desaprenderlo.

 

Es mucho mejor intentar confiar en la gente hasta que te demuestran lo contrario.

 

Empecé a cantar solo porque no podía encontrar a nadie más que lo hiciera. Todos a quien pregunté eran unos malditos idiotas.

 

Veinte mil personas pueden parecer una gran mancha, pero en verdad es interesante cómo puedes subirte al escenario y en los primeros diez minutos saber cuál es su vibra.

 

Cuando empezamos a telonear a R.E.M., hubo algunos conciertos en los que tocamos donde la gente pedía cenas con pollo, y eso jodió mi mente.

 

Estuve mucho en el hospital cuando era niño, porque nací con el ojo izquierdo cerrado, y tuvieron que sacar músculos de mi culo y tuvieron que injertarlo para que se convirtiera en un músculo que pudiera abrir el párpado. Así que tuve cuatro o cinco operaciones, empezando cuando era muy chico. Debo haber empezado a quejarme cuando tenía cinco. “Mira, tienes que hacerlo”, decían mis padres. “Si vas, te compraremos lo que quieras, ¿sí? ¿Qué es lo que quieres” y yo dije “Quiero un buzo rojo”. Y me compraron un buzo rojo, la parte de arriba y de abajo, y así estuve feliz de regresar al hospital aún sabiendo que iba a pasar por anestesia general, despertar y vomitar en todos lados. Me encantaba ese buzo rojo. Usé ese buzo rojo hasta que se veía tan pequeño que era ridículo usarlo.

 

El respeto es, si es que estás teniendo una discusión política con alguien, justo antes que llegues al punto en que vas a llamarlo un fascista, dar un paso atrás y preguntarte cómo demonios terminaron en este punto de completa ignorancia y estupidez.

 

Cuando era estudiante, el banco solía cortar mi tarjeta de crédito todo el tiempo. Nunca dejaba de rebotar cheques. Siempre andaba al teléfono con el banco. Fue un día muy satisfactorio cuando firmé un contrato con una gran disquera, cuando fui al banco y pagué todas mis deudas. El banquero cruzó su escritorio para estrechar mi mano y le dije que se fuera a cagar. ¿Cómo reaccionó? Creo que estaba bastante acostumbrado a ello.

 

Cada vez que voy al cajero y me pregunta cuánto quiero, digo, “dame lo máximo que me puedas dar”.

 

Siempre voy a la tienda de libros en la ciudad, agarro tres o cuatro libros de poesía, me siento en la mesita de café, y los leo por un rato. Es como relajar los músculos antes de hacer ejercicio.

 

Mi abuelo iba a nuestra casa de campo, pedía prestada una de nuestras bicicletas y desaparecía. Regresaba cuando ya estaba todo oscuro y no teníamos idea de dónde había estado. Si se cruzaba con alguien, simplemente le preguntaba dónde estaba el mejor club nocturno. Hizo eso hasta sus noventa y tantos.

 

Ya no siento decepción alguna. Pero siento la presión del tiempo pasar.

 

El otro día me senté con mi hijo y su amigo, quien tiene once, y dije “Ok chicos, hagan los cálculos. Averigüen cuántos segundos les quedan”. Les tomó un buen rato, pero lo lograron.

 

Los niños te enseñan a relajarte, lo cual fue muy útil para mí porque no estaba muy ligero en ese tiempo. Fueron una bendición por ello.

 

Creo que lo que enferma a la gente muchas veces es la creencia que tus pensamientos son concretos y que eres responsable de ellos. Cuando en realidad – como yo lo veo – tus pensamientos son lo que trae el viento hacia tu mente.

 

Le toma mucho tiempo al público relajarse un lunes por la noche.

 

Construye brechas en tu vida. Pausas. Pausas apropiadas.

 

Conseguir todo lo que quieres no tiene nada que ver con nada.

 

Si saliéramos sólo a tocar los hits y esa mierda, me sentiría muy diferente respecto a muchas cosas. Pero estamos tocando cosas nuevas, y muchas de ellas son muy difíciles de tocar, en realidad. La idea de que veinte mil personas vengan y nos vean hacer algo de esta música que es una locura y ciertamente no está en la radio… es algo bueno, hombre. Tocamos en Phoenix, y Ed y yo bajamos del escenario y nos vimos el uno al otro: “¿Viste eso?”.

 

No puedo imaginarme veinte años hacia el futuro porque estoy más o menos aquí y ahora.

 

 

@RadioheadPerú